Monday, May 10, 2010

Requiem para el sueño de otro



Quiéreme mucho era nuestro segundo himno nacional. La Habana cantaba con su voz, tales misivas. Yo vivía en un apartamento que tenía refrigerador, al fondo de la panadería era fácil de encontrar. Quien no se acuerda del camino si este siempre conduce al pan. Calle Amistad, barrio Centro Habana, 1994.

Era allí que nos reuníamos poetas y músicos. En tardes de tertulia, bohemias eternas de rostros indescifrables por las fotos de hoy. La casa adornada por la pintura semi-descolorida, por la lluvia, por las goteras, por la irrealidad del mundo, por el comunismo de alguien que moría ganando mucho dinero, y no era yo.

Aquel era mi mundo. Nada era tan perfecto en ese mundo.

La conocí en la misma esquina donde repetía mi discurso de nostalgia cada mañana. Llevaba consigo aquellos ojos llenos de años de nuestra niñez, los dos sumergidos en esta ciudad de mierda pregonábamos a Unamuno. Esperando a aquel elefante rojo que cruzaba la esquina cada 3 horas y 27 minutos. Radio Reloj...llegaba la guagua.

Todos los días a la misma hora. Dispuesto a todo, prevenido contra nada, ese día tenía un plan. Arranqué de un golpe dos rosas viejas que quedaban en el solar de al lado, las roceé con agua, para que parecieran frescas, de hambre o de sed, pero frescas. Era una señal de progreso tener la camisa limpia y planchada. Sediento de naturaleza y de ella, compré el periódico en la esquina, me mojé los pies en un charco sin querer, volví a casa corriendo, me cambié los zapatos, nada era tan perfecto en este mundo, pero este día cruzaba de prisa sobre mí.

Volvimos a esperar nuestro elefante rojo. Yo escondía las rosas dentro del periódico. Quiéreme mucho era mi himno nacional.

Hay una simpatía sarcástica y evidente en la noción del amor y es que a veces llega tarde. Ella no tenía refrigerador, pero a su lado caminaba un negrote de seis pies que me miró de reojo, y me hizo tragarme todo el amor que sentía en un solo segundo.

©2010 -Yosie Crespo