Tuesday, March 12, 2013

Por los pájaros y por las culpas





















Un pájaro puede anidar en tu cabeza y no sentirás nunca el desamparo. Llorarás, claro, como buena muchacha de polvos y de anillos. Pero un día la jaula se tenderá en tu frente, crecerá en tu vulva, en la ascensión de los espejos por tu boca. Y entonces, toda jaula será un pájaro en la ruta de tu sangre.

Un pájaro parece ser inofensivo hasta que divisamos su ronca cabellera, primigenia desde el canto hasta la duda. Un pájaro parece anidar en tu cabeza y te sacas los sueños a pedazos, tu propia mano y tu recuerdo.

Un pájaro no admite dualidades ni cortinas. Te corta la sed, amarra el aire sin permiso. Le cruza los salmos a Dios. Defenderse de un pájaro es tarea impostergable, violenta. 
Casi un milagro.

 
Nota anónima encontrada bajo la puerta. (Realmente)







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